El ABC o Aprendizaje Basado en Proyectos es una técnica de aprendizaje donde buscamos desplazar la enseñanza directa o transmisiva (por ejemplo, la típica lección magistral basada en la memorización de contenidos) por un aprendizaje de carácter más activo, centrado en la realización de proyectos.
Eso
sí, el desarrollo de esta técnica puede tener dos enfoques. Si seguimos
un enfoque iterativo dejaremos al estudiante mayor libertad para
explorar contenidos y métodos de trabajo, lo que dificultará preestablecer
un resultado final en el proyecto. Un segundo enfoque para trabajar con
proyectos sería apostar por un diseño retrospectivo, donde marcaríamos
el diseño del mismo y el resultado final que esperamos.
Eso sí, un aspecto común en ambos tipos de estrategias, es que nos encontramos ante estrategias planificadas, donde se han de marcar participantes,
recursos, tiempos y mecanismos de evaluación. Este último punto es de
vital importancia ya que no sólo se tiene que evaluar el resultado
final, sino también el proceso. Para ello tendremos que fijar unos
criterios de evaluación, que podrán ser trabajados a partir de los
distintos currículum de la asignatura y de los contenidos transversales
que queremos trabajar en el aula.
Esta es la teoría, ¿cómo la hemos enfocado en la práctica?
En ciclos formativos varios profesores estamos desarrollando esta
técnica para trabajar la asignatura de Empresa Iniciativa Emprendedora y
ésta es nuestra experiencia.
El
segundo reto, fue el de marcar los tiempos para la realización del
proyecto y distribuir el desarrollo del mismo en el aula. Para ello
elaboramos un calendario previo que se entrega el primer día de clase a
los estudiantes, donde vienen marcadas las fechas de entrega de cada
parte del proyecto y la fecha final de defensa del cojunto global.
Respecto al desarrollo de las clases, partiendo de tres horas semanales,
en mi caso dedico 1 hora a explicar contenidos básicos y 2 horas para
el trabajo autónomo del estudiante.
Sí, existen retos, pero también esta nueva estrategia nos ha dado muchas alegrías. Hemos aprendido a potenciar las TIC dentro del aula, a relacionar una asignatura teórica con la realidad del entorno que rodea a nuestros estudiantes, hemos desarrollado habilidades como la exposición en público que en otros ámbitos no podíamos trabajar, se ha llevado la asignatura a otros contextos como ferias de emprendimiento o la propia universidad, etc.
En resumen, los retos están ahí, pero las ventajas y oportunidades también. Y sólo por eso ha merecido y merece la pena.
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